¿Quiénes somos?

El Centro Cristiano El Elyon, ubicado en Porlamar, Isla de Margarita, es una congregación fundamentada en la doctrina dejada por los apóstoles y profetas en la Palabra de Dios (Efesios 2:20). Es netamente cristocéntrica y trabajamos en pro de la sanidad y restauración de la familia y, por ende, de la sociedad entera; bajo nuestro lema: “Transformando a las familias para transformar a la sociedad”.

Desde su fundación el 26 de marzo de 2006, ha venido avanzando a pasos agigantados en favor del cumplimiento de la voluntad de Dios revelada con anterioridad al pastor y comunicador Georges Doumat B., quien junto a su esposa Verónica Montaner y un grupo de líderes del Señor que cada día crece, están enfocados en que el plan de Dios se cumpla sobre la región insular, Venezuela y el mundo.

Nuestra Misión

Ganar almas para el Reino de Dios, discipularlas, enseñarles los principios y la vida en el Reino y enviarles apostólicamente para expandir el Evangelio y continuar cumpliendo con el mandato dejado por nuestro Señor (Mateo 28:19-20).
Para ello usamos todos los medios a nuestro alcance: Prensa, Radio, Televisión, Internet, Literatura, entre otros. Visitamos instituciones de toda índole impartiendo enseñanza espiritual que transforme lo social, partiendo desde la niñez hasta los demás niveles generacionales; lo cual cumplimos a través de nuestra Fundación Rescatando Vidas (FUNREVI), que junto a Verdad y Vida Comunicaciones (Periódico Verdad y Vida y Vida Estéreo FM) difundimos el mensaje transformador de la Palabra de Dios y alcanzamos las vidas con la diaria labor socio-espiritual.

Nuestra Visión

Alcanzar con la Palabra de Dios, en el nombre de Jesucristo, a niños, adolescentes, jóvenes, adultos y a la familia en general; para que, partiendo de allí, podamos transformar integralmente a la sociedad. Aspiramos con la ayuda de Dios ganar a la presente generación para el Reino de Cristo, predicando y mostrando el Evangelio en diversas actividades públicas, privadas y a través de los medios de comunicación, así como discipulándoles de manera integral.

Declaración de Fe

La Biblia y su inspiración Divina

Creemos que la Biblia, desde Génesis hasta Apocalipsis, es la Palabra de Dios inspirada y es la revelación del Creador para el hombre, siendo la regla infalible, inmutable y autoritativa de fe y conducta. (2ª Timoteo 3:16; Tito 1:2; 2ª Pedro 1:21).

El único y verdadero Dios

Creemos en el único Dios verdadero que se ha revelado como el Eterno, existente en sí mismo como el “YO SOY”, el Creador del cielo y de la tierra y Redentor de la humanidad; quien se ha revelado también encarnando los principios de relación y asociación como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, siendo un solo Dios trino. (Deuteronomio 6:4; Isaías 43:10-11; Mateo 28:19; Lucas 3:22).

Jesucristo el Hijo de Dios, el único Salvador del mundo

Creemos que Jesucristo es el Hijo de Dios, que ha existido como el Mesías mucho antes de la fundación del mundo y seguirá existiendo por toda la eternidad, que dejó su gloria y deidad en obediencia al Padre para venir a este mundo a salvar de la condenación del pecado a la humanidad, naciendo por medio de una mujer virgen, por obra del Espíritu Santo; que reveló la verdad y que fue crucificado, murió y resucitó al tercer día; ascendió a los cielos y ahora está sentado a la diestra de Dios Padre. (Isaías 7:14; Lucas 1:30-35; Juan 1; Juan 3:16-18).

El Espíritu Santo, nuestro ayudador

Creemos en el Espíritu Santo como integrante de la Trinidad, quien está realizando el ministerio de Dios en la tierra en este momento y fue enviado por el Padre para redargüir de pecado y de juicio al mundo, para enseñarnos, guiarnos a toda la Verdad, dar testimonio de nuestra relación con Dios, que nos ayuda por gracia a vivir una vida santa y agradable al Señor. Nos da vida y revela la voluntad de Dios, dándonos poder para predicar las Buenas Nuevas del Reino; y es quien sana, libera, restaura, edifica con su potencia y gloria como lo hizo con Jesús. (Juan 7:37-39; Juan 14:16-18, 26; 2ª Corintios 3:17; 1ª Juan 3:24).

El hombre y el pecado

El hombre fue creado bueno y justo; porque Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”. Sin embargo, el ser humano por su propia voluntad cayó en transgresión o pecado, incurriendo así, no solo en muerte física, sino también en la espiritual, que es la separación de Dios. (Génesis 1:26, 27, 2:17, 3:6; Romanos 5:12-15).

Salvos por la fe en Cristo

Creemos que la salvación se obtiene por medio del arrepentimiento y la confesión de pecados a Dios; es dada por gracia divina (por fe, no por obras) cuando creemos en el nombre y la persona de Cristo Jesús. Pues Él es el único mediador entre Dios y los hombres. (Hechos 4:12; Romanos 3:21-31; 1ª Timoteo 2:5-6).

Creados para amar, adorar y servir a Dios

Creemos que fuimos creados para amar, adorar y servir únicamente a Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo y no debemos rendir nuestra adoración a falsos dioses, imágenes, esculturas, criaturas, hombres, filosofías ni ideologías políticas, porque es una ofensa a nuestro Dios y es considerado un pecado de idolatría y rebelión en contra de Él. (Éxodo 20:1-7; Deuteronomio 28; Salmo 115; Isaías 40:18-31; Gálatas 5:16-26).

La Iglesia como el cuerpo de Cristo en la tierra

La Iglesia es el cuerpo de Cristo, la morada del Espíritu Santo, con el encargo divino de llevar a cabo la Gran Comisión. Todo creyente, nacido de nuevo, es parte integral de una congregación y miembro de la Iglesia de los primogénitos, cuyos nombres están inscritos en los cielos. (Efesios 1:22, 23, 2:22; Hebreos 12:23).

Santidad del creyente

Creemos en la santidad, como un estilo de conducta voluntario, como ofrenda y sacrificio vivo de amor a Dios, siendo la santificación una obra hecha instantáneamente en el espíritu, pero que también, debe ser desarrollada progresivamente en el alma y en el cuerpo del creyente. (Romanos 6:19-22; Hebreos 12:14).

Bautismo en agua

Creemos en el bautismo en agua como acto simbólico o profético de identificación con la muerte al pecado y al mundo, y con la resurrección a una nueva vida en Jesús con promesa de Vida Eterna. Es una reafirmación de nuestra fe en Jesús que debe ser hecha con plena certidumbre y de manera voluntaria, razón por la que no puede ser hecha a bebés o niños. (Mateo 28:19-20; Romanos 6:4).

Bautismo en el Espíritu Santo

Creemos que todos los creyentes tienen el derecho de recibir y deben buscar fervientemente la promesa del Padre, el bautismo en el Espíritu Santo y fuego, según el mandato de nuestro Señor Jesucristo. Esta era la experiencia normal y común de toda la Iglesia del primer siglo. Con este bautismo viene una investidura de poder para la vida, el servicio y la concesión de los dones espirituales y su uso en el ministerio. (Marcos 16:17; Hechos 1:8, 2:4).

La Cena del Señor

Creemos en la Cena del Señor como la rememoración instituida por Cristo. Consiste en la participación de las especies eucarísticas; el pan, símbolo del cuerpo de Cristo y el vino, símbolo de su sangre derramada en la cruz, la sangre del Nuevo Pacto. Este acto simbólico expresa nuestra participación de la naturaleza divina de nuestro Señor Jesucristo; un recordatorio de sus sufrimientos y su muerte, y una profecía de su segunda venida. (1ª Corintios 11:26; 2ª Pedro 1:4).

Los ministerios de la iglesia

Creemos que nuestro Señor ha provisto desde el comienzo ministerios como los dones de servicio o ministeriales dados por Dios al cuerpo de Cristo, y constituye un llamamiento divino y ordenado con el cuádruple propósito de dirigir a la iglesia en: 1.- la evangelización del mundo y hacer discípulos; 2.- la adoración a Dios; 3.- el cuidado y la edificación de la Iglesia para perfeccionarlos a la imagen de su Hijo; y 4.- satisfacer las necesidades humanas con ministerios de amor y compasión. Creemos que aún existen y están activos los 5 ministerios fundamentales, así como diversos ministerios de servicio. (Juan 4:23-24; Gálatas 2:10, 6:10; Efesios 4:11; Santiago 1:27).

Dios gobierna su pueblo

Creemos en el Reino de Dios como gobierno teocrático y en la persona de Jesús como Rey de reyes y Señor de señores, como dos verdades absolutas y máximas. El Espíritu Santo educa a los creyentes a obedecer a Dios por encima de todas las cosas y para la segunda venida de Cristo, su gobierno que será manifestado físicamente en la tierra. (Hechos 8:1; Apocalipsis 20:1-10).

El Poder de Dios que liberta, sana y hace milagros

Creemos en el poder de Dios que sana a los enfermos, echa fuera demonios, hace milagros, maravillas, señales y prodigios, aun en nuestros tiempos por medio de la Persona del Espíritu Santo en la vida del creyente. (Isaías 53:4; Mateo 12:28; Marcos 16:15; Santiago 5:14-16).

Vida de fe

Creemos que todo hijo de Dios, nacido de nuevo, camina y obra por fe en la Palabra de Dios, que sin fe es imposible vivir una vida agradable a Él y por medio de ella se heredan las promesas. (Hebreos 10:38-39, 11:6).

Evangelismo y la gran comisión

Creemos que debemos predicar el Evangelio del Reino de forma local, nacional y mundial, por todos los medios disponibles; haciendo discípulos, enseñándoles a guardar lo que Jesús mandó, capacitándolos y siendo enviados a predicar el Evangelio para ganar nuevos discípulos. (Marcos 16:15; Mateo 28:18-20).

La resurrección de los santos y el arrebatamiento de la Iglesia

Creemos con esperanza la bienaventuranza de la Iglesia; la resurrección de los que han muerto en Cristo y el arrebatamiento junto con los creyentes que estén vivos en la tierra, siendo llamados desde las nubes por nuestro Señor a la presencia de Dios en el cielo. El Espíritu Santo trasladará en un abrir y cerrar de ojos a los hijos de Dios, para celebrar con Cristo Jesús, las Bodas del Cordero, casándose el Señor (el Esposo) con su novia la Iglesia. (Romanos 8:23; 1ª Corintios 15:51-52; 1ª Tesalonicenses 4:16-17; Tito 2:13).

La segunda venida de Cristo a la tierra y el reino milenial

Creemos en la segunda venida de Cristo, que luego de las bodas del Cordero regresará con su Iglesia a la tierra y gobernará desde Israel por mil años como lo prometió. (Zacarías 14:5; Mateo 24:27–30; Apocalipsis 1:7, 19:11–14, 20:1–6).

El juicio final

Habrá un juicio final en el que los pecadores muertos serán resucitados y juzgados según sus obras. Todo aquel cuyo nombre no se halle en el Libro de la Vida, será confinado a sufrir castigo eterno en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda, junto con el diablo y sus ángeles, la bestia y el falso profeta. (Mateo 25:46; Marcos 9:43–48; Apocalipsis 19:20; 20:11–15; 21:8).

Un cielo nuevo, una nueva tierra y la Nueva Jerusalén

Pero nosotros esperamos, según sus promesas, que después que el mal sea juzgado y su Iglesia premiada, Dios creará cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales morará la justicia. Desde el cielo descenderá una ciudad celestial, llamada la Nueva Jerusalén donde el pueblo de Dios vivirá en perfecta armonía y paz con Dios por la eternidad. (2ª Pedro 3:13; Apocalipsis 21).