‘La mayoría de los cristianos no sabe qué es un discípulo’

‘La mayoría de los cristianos no sabe qué es un discípulo’

En nuestra entrega anterior escribimos acerca de la grave falla que se está observando en gran parte de la iglesia contemporánea, que ha transformado la Gran Comisión dejada por nuestro Señor en Mateo 28:18-20, en activismo y evangelización, pero sin cuidar el fruto de la cosecha, lo que la convierte en la Gran Omisión.

Prometimos que en la presente edición hablaríamos acerca de la conclusión a la que llegó George Barna, CEO del Grupo de Investigación Barna de EE.UU., quien acaba de afirmar que «la mayoría de los cristianos no saben lo que es un discípulo».

En una reciente entrevista hecha por el portal norteamericano The Christian Post, al destacado investigador cristiano George Barna habló en la Cumbre Pray, Vote, Stand, del Consejo de Investigación Familiar, donde habló de su nuevo libro «Raising Spiritual Champions: Nurturing Your Child’s Heart, Mind, and Soul» (Formando campeones espirituales: nutriendo el corazón, la mente y el alma de su hijo).

Durante su intervención advirtió que los desafíos que enfrenta la sociedad estadounidense provienen de «nuestra transición de la cosmovisión bíblica a filosofías alternativas», identificando «nuestros problemas sociales como los síntomas de ese cambio».

«La única crisis social verdadera es una crisis de visión del mundo. El resultado es una escasez de discípulos de Jesús. Tratamos los síntomas en lugar de la causa de la crisis», afirmó Barna.

A pesar de que su investigación y el fruto de ella que recogió en su libro se refiere a la Iglesia estadounidense, los latinoamericanos no debemos olvidar que el evangelio llegó a nuestra naciones hace poco más de un siglo fundamentalmente por la obra misional norteamericana, que así como la cultura de EE.UU. influye en nuestros países, también sucede igual con la influencia de la eclesiología de ellos en Hispanoamérica.

Muchas de las virtudes y fallas del evangelio norteamericano se reflejan de México a la Argentina, aunque últimamente las iglesias latinas están cambiando la manera de ver y hacer iglesia en los Estados Unidos, todavía su influencia en Latinoamérica sigue siendo fuerte; si allá existen problemas con la labor discipuladora de la Iglesia, no tenemos dudas de que en nuestros países también la hay. A las pruebas nos remitimos.

El investigador señaló que hay 174 millones de cristianos autoidentificados que constituyen el 68 % del país, 90 millones de cristianos nacidos de nuevo teológicamente definidos que representan el 35 % de la población, 128 millones de cristianos que creen en la existencia del Dios de Israel que constituyen el 50 % de la población, 84 millones que van a una iglesia cristiana una vez a la semana que representan el 33 % de la población, y 46 millones de cristianos autoidentificados que están profundamente comprometidos con su fe que suman el 18 % de la población.

  • «Ninguna de estas cosas constituye lo que es un discípulo», asegura Barna; quien también rechazó la definición de un discípulo como una buena persona, señalando que todas las personas son pecadores.
  • Refutó también la definición de un discípulo como alguien que cree en Dios, enfatizando que Satanás y los demonios también creen en Dios.
  • Reaccionó contrario a la definición de un discípulo como alguien que asiste a la iglesia, enfatizó que los cristianos tienen la obligación de «ser la iglesia» en lugar de simplemente ir a la iglesia.
  • Barna igualmente rechazó la idea de que cualquier persona con una educación cristiana es un discípulo, insistiendo en que «el discipulado no se hereda».

Señaló ejemplos de Jesús definiendo directamente el término «discípulo» en la Biblia; incluso en Juan 8:31, llama a los discípulos a obedecer sus enseñanzas. Los pasajes adicionales citados por Barna como ilustrativos de lo que constituye un discípulo incluyen Juan 13:35, que instruye a los discípulos a amar a otros discípulos, y Juan 15:8, que ordena a los discípulos que produzcan fruto espiritual.

Barna también discutió las demandas hechas a los discípulos en el Evangelio de Lucas, que incluyen órdenes de amar a Dios más allá de todo, someterse a la autoridad de Dios y rendirse completamente a Dios.

En última instancia, definió a un discípulo como «alguien que vive como Jesús porque piensa como Jesús». El investigador concluyó que «la mayoría de las personas no actúan como Cristo porque no piensan como Él».

«Para pensar consistentemente como Jesús, necesitas una cosmovisión bíblica: el filtro intelectual, emocional y espiritual que te permite tomar de manera consistente y segura las decisiones que Él tomaría», agregó Barna. Sostuvo que la falta de una cosmovisión bíblica entre los padres plantea problemas para sus hijos.

George Barna sostuvo que los mayores errores que cometen los padres cuando se trata de inculcar una cosmovisión en sus hijos incluyen priorizar «el logro académico, la felicidad emocional y la buena salud» sobre el «desarrollo de la cosmovisión», así como no formar un «plan para el desarrollo espiritual de sus hijos».

El investigador detalló cómo los padres quieren que sus hijos sean «una buena persona» en lugar de un «discípulo», y agregó que los padres «no están dejando su fe a Dios», sino «dejándola al azar», dijo.

Barna expresó su preocupación de que mientras que una «gran mayoría de pastores protestantes piensan que están haciendo un trabajo excelente o muy bueno en el desarrollo de la cosmovisión de los congregantes», muchos «pastores principales confunden la transmisión de información a través de la predicación con el discipulado fundado en un proceso estratégico de desarrollo de la cosmovisión».

A lo largo de sus comentarios, Barna citó su libro como un recurso efectivo para ayudar a los padres a formular una cosmovisión bíblica en sus hijos y, por lo tanto, revertir la aceptación de cosmovisiones distintas a una cosmovisión bíblica que ha llevado a consecuencias negativas para la sociedad estadounidense.

Muy parecida a nuestra realidad en Latinoamérica, donde al igual que allá el éxito se mide en cuántos miembros tenemos, en vez de cuántos miembros realmente siguen a Jesús¿cuántos realmente son discípulos de Cristo dispuestos a dar su vida por el Señor? De los miembros de nuestras congregaciones ¿cuántos viven en santidad para irse con Cristo si Él hoy viniera por Su Iglesia?

Creyente es cualquiera, pero no todos son discípulos. El precio de ser un discípulo de Jesucristo es muy alto y pocos son los que están dispuestos a pagarlo. He aquí las palabras del Señor al respecto:

«Como grandes multitudes lo seguían, Jesús se volvió a ellos y les dijo: “Si alguno viene a mí, y no renuncia a su padre y a su madre, ni a su mujer y sus hijos, ni a sus hermanos y hermanas, y ni siquiera a su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no toma su cruz y me sigueno puede ser mi discípulo… cualquiera de ustedes que no renuncia a todo lo que tieneno puede ser mi discípulo”» (Lucas 14:25-27,33).

Hoy sucede exactamente igual a los tiempos del Señor. Tenemos «multitudes» sentadas en nuestras congregaciones que confiesan que Jesucristo es su Salvador, pero ¿para cuántos es su Señor? ¿Cuántos están dispuestos a «renunciar» a lo que más aman y a sus apegos terrenales por ser discípulos de Jesús? ¿Cuántos realmente toman su cruz cada día y le siguen? Y, lo peor, ¿cuántos si el Señor se los pidiera estarían dispuestos a «renunciar a todo lo que tienen» para ser sus discípulos?

George Barna descubrió que sólo el 18 % de la población que se autocalifica como cristiana en EE.UU. «están profundamente comprometidos con su fe»Vale preguntarse: ¿cuánto de ese 18 % son realmente discípulos de Cristo? Ahora mire el evangelio en su país, mire a su propia congregación y responda con sinceridad: ¿cuántos de los creyentes son genuinamente discípulos de Jesús? Más grave aún, ¿cuántas de nuestras miles de iglesias diseminadas por toda Latinoamérica realmente tienen un programa serio y consistente de discipulado?

Le aseguro que si mete la lupa se llevará una no muy grata sorpresa.

Jesucristo nunca dijo: «¡vayan y hagan iglesias!». Tampoco dijo: «¡vayan y llénenlas de multitudes!», aunque ese sea el interés de todos. Nuestro Señor fue claro y enfático al decir: «vayan y hagan discípulos en todas las naciones, y bautícenlos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Enséñenles a cumplir todas las cosas que les he mandado. Y yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo» (Mateo 28:19-20).

Como dijo alguien, hemos convertido nuestras iglesias en «fábricas de evangélicos», en vez de centros de capacitación discipular donde se forman aquellos que en Cristo mueren al mundo para ganar su vida y la de su prójimo para la eternidad. ¡Cuánto nos falta todavía! ¡Señor ayúdanos a ser eficaces y fieles a tu mandato!

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