Las leyes frente a la Biblia

Las leyes frente a la Biblia

Muchos marcos legales y constitucionales de las regiones y naciones toman como fundamento y ejemplo parte de la Ley de Dios dada a Moisés y contenida en el Pentateuco, puesto que el hombre sólo crea normas de convivencia, pero lo moral lo obtiene de la fuente de toda moralidad: la Palabra de Dios; es por lo que necesita de ese marco referencial, en especial las naciones democráticas que heredaron gran parte de sus postulados políticos a partir de la Reforma Protestante del siglo XVI.

Es así como una nueva ley que entró en vigor el viernes 1 de septiembre, en Texas, EE.UU., que obliga a aquellos conductores ebrios que hayan ocasionado un accidente en el que muera el padre, madre o tutor de un menor a pagar la manutención de este hasta que cumpla su mayoría de edad, tiene base bíblica.

La ley HB-393 (mejor conocida como «Bentley’s Law» busca proteger a los hijos de las víctimas que mueran por causa de conductores ebrios o drogados), establece que los condenados por homicidio por intoxicación deben pagar una indemnización. Así, los infractores tendrán que hacerse cargo de la manutención de los hijos de las víctimas hasta que cumplan 18 años, o bien, se hayan graduado de la preparatoria (bachillerato), «lo que ocurra más tarde».

La ley del estado de Texas define el homicidio involuntario por intoxicación como aquel que ocurre cuando una persona conduce «un vehículo de motor en un lugar público, opera una aeronave, una embarcación o una atracción de feria, o monta una atracción de feria móvil; y está intoxicado (borracho o drogado) y por razón de esa intoxicación causa la muerte de otro por accidente o error».

La HB-393 establece también que, si el acusado no puede pagar la restitución porque está encarcelado, deberá hacerlo a más tardar «en el primer aniversario de la fecha» de su liberación. Las condenas de homicidio por intoxicación van de los 2 a los 20 años.

Será un juez el que determine el monto que el acusado debe pagar. Para ello, deberá considerar: las necesidades económicas del niño o adolescente, sus necesidades educativas, su estado emocional, su condición física, su nivel de vida, los recursos económicos del progenitor sobreviviente o su representante, pero también los recursos del propio acusado.

Esta es, sin duda alguna, una de las leyes ejemplares que toda región o provincia, y hasta los gobiernos de los países deberían imitar porque se enmarca plenamente en lo que establece Dios en la Biblia.

Esta ley (HB-393) refleja el sentir que Dios puso en sus mandamientos, puesto que la esencia de la ley que el Señor le prescribió a Moisés en el Antiguo Testamento va dirigida a resarcir el daño causado por amor al prójimo y no como lo mal interpretó el liderazgo espiritual de Israel, de literalmente sacarle el ojo o el diente al culpable, sino que este se ocupe de restituir el daño ocasionado a su semejante.

Claramente lo recalcó el Señor en el Sermón del Monte: «Ustedes han oído que fue dicho: «Ojo por ojo, y diente por diente». Pero yo les digo: No resistan al que es malo, sino que a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, preséntale también la otra» (Mateo 5:38-39). Dios nunca demanda venganza, sino un justo juicio que restituya el daño causado al prójimo.

No debemos cometer el mismo error del antiguo Israel de tomar literalmente la ley divina y aplicarla sin amor y misericordia, puesto que la ley es espiritual y su cumplimiento es el amor; como bien lo reseñó el apóstol Pablo: «Sabemos que la ley es espiritual…». «El amor no hace daño a nadie. De modo que el amor es el cumplimiento de la ley» (Romanos 7:14a y 13:10).

La intención de Dios siempre ha sido mostrar amor y misericordia para con los infractores, pero restituir al afectado por el mal que le ocasionaron, y eso exactamente fue lo que enseñó nuestro Señor Jesucristo.

La ley no exige venganza, porque vengarse es una manifestación de odio y de tomar la justicia por su propia mano. En todo caso, cuando la justicia terrenal falla, la divina jamás fallará, sino que dará a cada uno el producto de sus hechos.

«No se engañen. Dios no puede ser burlado. Todo lo que el hombre siembre, eso también cosechará» (Gálatas 6:7). Eso significa que si las leyes terrenales fallan, omiten o favorecen al culpable -cualquiera sea el móvil-, a Dios nadie podrá engañarle y Él sí dará a cada quien lo que se merece.

Por esa razón aplaudimos leyes como la HB-393 del estado de Texas, porque contiene la esencia de la ley de Dios, pues busca que el culpable de causar muerte o incapacidad a algún sostén de hogar, deba mantener a sus hijos hasta que estos sean mayores de edad y puedan valerse por sí mismos. Estamos seguros que el Señor está agradado por esta acción y de seguro sus bendiciones sobre ese estado norteamericano no se harán esperar.

Contrario a esto son las naciones o estados que han aprobado leyes que van en contra de la Palabra de Dios, como la legalización del aborto, el consumo de drogas, pedofilia disfrazada, uniones homosexuales, cambio de sexo e identidad sexual, entre otros; que son leyes que abren puertas legales espirituales (porque toda ley tiene su ingrediente espiritual), para que el diablo destruya a su población por causa de contravenir lo establecido por Dios.

Toda ley para ser justa debe estar enmarcada en la justicia divina, pues Dios es nuestro creador y artífice de la manera correcta de vivir, establecida en su Santa Palabra a través de las leyes, ordenanzas y mandamientos; los cuales llevan a la sociedad a vivir en equidad, paz, amor y misericordia. Las leyes humanas que busquen ese fin divino serán bendecidas por el Señor, las que no, recibirán el debido castigo que la misma ley de Dios establece.

Harían bien nuestros gobernantes y legisladores en tener esto muy en cuenta, si no quieren sufrir el castigo eterno por su extravío; porque «Dios no tendrá por inocente al culpable», sentencia la Biblia.

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