La fórmula que activa el favor de Dios

La fórmula que activa el favor de Dios

¿A quién no le gusta las bendiciones del Señor? ¿Cuánto no darían millones de personas por gozar del favor de Dios? La Biblia nos revela el corazón de Dios de manera que sepamos vivir para agradarle y recibir de Él todas las bendiciones que tiene deparadas para los que le aman, adoran y obedecen.

Podemos hasta dar una fórmula que activa el favor de Dios en nuestra vida. No es una fórmula ni mágica ni matemática, sino eminentemente espiritualLa encontramos en el libro de Proverbios 28:13, y dice: «El que encubre sus pecados no prospera; el que los confiesa se aparta de ellos alcanza la misericordia divina».

La fórmula la encontramos en la segunda parte del versículo leído: Confesar y apartarse. Confesar + Apartarse = Favor divino. Confesar nuestros pecados y faltas, y apartarnos de ellos, nos hace aceptos por el Padre celestial en Cristo Jesús y receptores de su favor infinito.

No hay nada más repudiado por Dios que el hecho de encubrir nuestros pecados; suena hasta tonto, cómo se nos ocurre encubrir algo malo ante los ojos del que todo lo ve y escudriña; al Señor le agrada que vayamos a Él reconociendo que le hemos fallado y buscar su perdón. Jesús dice: «El que a mi viene yo no lo echo fuera», no lo rechazo.

Además, la Palabra de Dios nos advierte que si encubrimos nuestros pecados no podremos prosperar a la manera de Dios. Usted ve que muchos malos, corruptos, narcotraficantes y ladrones logran amasar grandes cantidades de dinero y bienes materiales, pero eso no significa que gozan del favor de Dios.

En este pasaje bíblico la palabra ‘encubrir’, significa: cubrir, guardar o cobijar un secreto, pero no en el buen sentido de la palabra, sino que tiende a las tinieblas, exactamente a encubrir un mal. Repito, podemos encubrir algo ante los ojos humanos, pero jamás ante los ojos del Señor que es omnisciente (todo lo ve y todo lo conoce).

En cuanto al verbo ‘prosperar’ en el versículo en cuestión, significa: empujar hacia adelante, tener éxito y alcanzar un logro, siempre en el sentido de hacerlo en la voluntad de Dios; es decir, agradándole en nuestro pensar y actuar. Nunca se refiere al éxito mundanalmente hablando, porque existe muchísima gente en el mundo exitosa y admirada por sus logros; sin embargo, Dios los mira de lejos, pues lo que han alcanzado no ha sido de la manera que al Señor le agrada, sino causándole daño al prójimo.

La segunda parte de Proverbios 28:13, dice: «el que los confiesa se aparta de ellos[de sus pecados] alcanza la misericordia divina». La misericordia divina es una de las manifestaciones del favor de Dios. Aquí se nos resaltan dos verbos, los de la fórmula ¿recuerda? ‘Confesar’ y ‘apartarse’. Ambos verbos nos llevan a lo que Jesús llama «arrepentimiento».

Apartarse, bíblicamente hablando, es: soltar, renunciar, abandonar, desechar, quitar, rehusar el pecado y todo género de maldad. De hecho, una vez confesados al Señor nuestros pecados, debemos apartarnos de ellos; es decir, dejarlos atrás.

Precisamente, arrepentimiento significa: cambio de pensamiento o de parecer con respecto al pecado; lo cual incluye un cambio de conducta. Es apartarse del pecado y acercarse a Dios. Al arrepentirnos genuinamente cambiamos de opinión, de propósito y de parecer con respecto a lo malo y al mal comportamiento que veníamos teniendo hasta el momento de confesarlo al Señor y tomar la firme decisión de cambiar para nunca más volver a la vida que veníamos llevando.

No podemos engañarnos a nosotros mismos, jamás debemos confiar en nuestro corazón, que muchas veces nos engaña haciéndonos ver bien ante el mal cometido; diciéndonos que no está del todo bien, pero todos lo hacen o aunque esté mal yo me lo merezco lo bueno porque he sufrido o trabajado mucho para ello.

La Biblia dice en el libro del profeta Jeremías 17:9-10, lo siguiente: «El corazón es engañoso y perverso, más que todas las cosas. ¿Quién puede decir que lo conoce? Lo conozco yo, el Señor, que escudriño la mente y pongo a prueba el corazón; que pago a cada uno según su conducta y según el resultado de sus obras”».

Ahora, unamos este pasaje con Proverbios 28:13, ¿cómo cree usted que puede prosperar y gozar del favor de Dios si encubre sus pecados ante quien escudriña su mente y corazón? ¿Cómo podemos recibir el favor y las bendiciones del Señor si no confesamos nuestros pecados y nos apartamos de ellos, si no nos arrepentimos?

Dios nos pagará conforme a nuestra conducta por aquello que hayamos pensado, guardado en nuestro corazón o hecho, sea bueno o malo.

Esto es lo que enseña el apóstol Juan en el capítulo 1 de su primera carta: «Este es el mensaje que hemos oído de él, y que les anunciamos a ustedes: Dios es luz, y en él no hay tiniebla alguna. Si decimos que tenemos comunión con él, y vivimos en tinieblas, estamos mintiendo y no practicamos la verdad. Pero si vivimos en la luz, así como él está en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesús, su Hijo, nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros». Creo que está bastante claro.

Le recuerdo la fórmula que activa el favor de Dios: Confesar y apartarse. Confesar + Apartarse = Favor divino.

El favor de Dios se manifiesta plenamente en la gracia (favor o regalo inmerecido) de Jesucristo. Jesús es quien murió en nuestro lugar, siendo justo murió por nosotros los injustos y pecadores para que quienes lo acepten y confiesen como su único Señor y Salvador, sean perdonados y alcancen la vida eterna.

Y eso se hace en vida, una vez la persona muere va al destino eterno que escogió en la tierra; si le confesó al Señor sus pecados y se apartó de ellos recibirá la vida y herencia eternas, pero si encubrió su pecado jamás alcanzará la misericordia e irá a la eterna condenación.

Si usted desea aplicar la fórmula que activa el favor de Dios, en este mismo instante confiese sus pecados, reciba a Cristo como su único Señor y Salvador, y luego apártese de los pecados que venía practicando para que el favor de Dios y las puertas de la eternidad se abran desde ahora mismo para usted.

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