La masculinidad bajo ataque

La masculinidad bajo ataque

Desde el Génesis mismo de la creación Dios estableció el papel del hombre y la mujer, porque sólo existen ambos sexos, no los géneros perversos e ideológicos que pretenden imponer desde la esfera globalista. Después de haber creado los cielos, la tierra, la vegetación y los animales:

«Entonces dijo Dios: “¡Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza! ¡Que domine en toda la tierra sobre los peces del mar, sobre las aves de los cielos y las bestias, y sobre todo animal que repta sobre la tierra!”. Y Dios creó al hombre a su imagen. Lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó. Y los bendijo Dios con estas palabras: “¡Reprodúzcanse, multiplíquense, y llenen la tierra! ¡Domínenla! ¡Sean los señores de los peces del mar, de las aves de los cielos, y de todos los seres que reptan sobre la tierra!”» (Génesis 1:26-28).

De esta porción bíblica podemos extraer que fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios como hombres y mujeres, porque está claro que el Señor no contempla ni acepta la manera como la actual generación se autoperciba, a lo cual Él llama tajantemente PECADO, aunque los hombres y sus legislaciones aprueben lo contrario. Dios, como nuestro creador, es el único que puede establecer leyes sobre lo moral, que es exactamente lo que contiene la Biblia, la eterna Palabra del Señor.

Lo otro que enseña este pasaje bíblico, es que Dios le delegó al hombre la responsabilidad de la mayordomía o administración de la creación, ordenándonos que nos «reproduzcamos, multipliquemos y llenemos la tierra» (para lo cual es imprescindible la heterosexualidad), así como ejercer el dominio sobre todo lo creado, con la única excepción de que no cambiemos lo originalmente establecido, llámese familia, sexualidad en el matrimonio, la no modificación genética de la naturaleza y de los animales; cuestión que los científicos al servicio del diablo y su élite globalista han subvertido.

De toda la creación, Dios le entregó al varón la responsabilidad de ser la cabeza de esta y el principal responsable del buen manejo de ella (Génesis 2:15,19-20). Luego de su costilla creó a la mujer como su ayuda idónea y juntos complementan la perfección de la creación terrenal. «Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne» (Génesis 2:21-24).

La unión o pacto matrimonial hace de la pareja -hombre y mujer- una sola carne o un solo ser ante los ojos de Dios, lo que descalifica las uniones del mismo sexo y otras desviaciones sexuales (fornicación, adulterio, homosexualidad, bisexualidad y todo lo que pretenden ‘legalizar’ los defensores de la ideología de género y su lobby LGBTIQ+). De dicha unión matrimonial heterosexual el hombre es la cabeza y principal responsable ante Dios de la familia, la Iglesia y la sociedad en general.

Es ahí donde entra en escena Satanás, en la desvirtuación de la masculinidad y su principal en indelegable responsabilidad ante Dios, promoviendo la feminización, sodomización, la pedofilia, el matriarcado, el feminismo radical y otras aberraciones, las cuales buscan minar la función del varón en la creación, que gústeles a los seres humanos o no, es lo que Dios estableció desde el inicio. Todos estos movimientos que medran el plan del Señor para con el varón, bajo el gran paraguas de la ideología de género, es una manifestación clara y visible de rebelión contra Dios.

Todo intento por minar la función del varón, familiar, espiritual y socialmente, bajo el argumento que sea, es rebelarse directamente contra Dios; y toda rebelión contra el Altísimo sin un genuino arrepentimiento previo a la muerte acarrea condenación eterna.

Al Eva ser tentada y caer, y darle del fruto prohibido a Adán, a pesar de ambos haber pecado en el huerto del Edén, por lo que entró el pecado y la muerte al mundo, la sentencia de Dios sobre Adán fue mayor que sobre Eva; y esto debido a que Adán fue primero y era el responsable ante Dios de todo lo creado, por eso recibió un mayor castigo:

«A la mujer le dijo: “Aumentaré en gran manera los dolores cuando des a luz tus hijos. Tu deseo te llevará a tu marido, y él te dominará”. Al hombre le dijo: “Puesto que accediste a lo que te dijo tu mujer, y comiste del árbol de que te ordené que no comieras, maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Te producirá espinos y cardos, y comerás hierbas del campo. Comerás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste tomado; porque polvo eres, y al polvo volverás [vino la sentencia de muerte por causa de la rebelión contra Dios]» (Génesis 3:16-19).

La mujer quedó sentenciada a obedecer al esposo y él a ser su autoridad («su cabeza», como lo escribe el apóstol Pablo); mientras que al hombre se le hizo responsable por la maldición de la tierra, porque esta se le había entregado a él para administrarla como lo vimos anteriormente; y a partir de ahí todo el planeta comenzó a cambiar para mal, hasta los desastres y catástrofes que vemos en la actualidad, porque nos acercamos ya a los tiempos del fin del gobierno humano sobre el mundo y la tierra gime por su redención (Romanos 8:22-23).

En nuestra entrega de la semana que viene, si Dios lo permite, profundizaremos más en este vital tema, donde abordaremos acerca de la intervención divina para redimir a su creación y al rol del varón al frente de ella; que a pesar del paso de los siglos el plan del Señor con el hombre no ha cambiado en nada.

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